Últimamente, algunos creyentes andan agitados con el coronavirus. Sobre todo aquellos que creen que el Cuarto Jinete ya está aquí y se encomiendan a Dios hasta para ir a comprar el pan a la espera de que Jesusito baje a patear culos impíos.

Nada nuevo bajo el cielo. El Juicio Final siempre está a la vuelta de la esquina en la mente febril de algunos.

Lo que si me llama la atención, aunque cada vez menos, es la rabia virulenta que escupen algunos de ellos. En nuestro canal de YouTube solemos hacer videos criticos sobre religión y siempre aparece algún creyente a reprocharnos nuestra osadía. No falta alguno que se muestre deseoso de que el Dios misericordioso del Nuevo Testamento desempolve sus cañones y nos ponga a parir como en los buenos viejos tiempos del Antiguo Testamento.

El pasado sábado lanzábamos un video en el que Sabrina relataba brevemente nuestra experiencia con el coronavirus y la cuarentena en España. Fueron varios los creyentes que en la caja de comentarios parecían deleitarse ante nuestra preocupación (de hecho, nuestra hija tenía fiebre) y se mostraban ansiosos de que el castigo divino finalmente nos hiciera arrepentirnos.

Entender que el COVID-19 es producto del azar, el caos, la mala suerte o como lo queramos llamar, choca directamente con la idea de Dios, sobre todo con la idea del Dios tribal que tienen los creyentes que menciono. Ese Dios que se ofende por todo, que cuida a los suyos como un macho alfa y que disfruta haciendo sufrir a quien no le rinde pleitesía.

Ni me molestaré en explicar porqué semejante actitud está en flagrante contradicción con aquello de “poner la otra mejilla”

Entonces, si Dios quiere, a ellos no les dará coronavirus. Si Dios quiere, su familia estará bien. Si Dios quiere, esto pasará pronto. Y claro, para algunos creyentes muy peculiares, si Dios quiere, moriremos espantosamente quienes ofendimos a su tribu.

¿Pero qué pasa cuando enferma un creyente? Es más, ¿y si se enferma uno de esos matones de Dios? Entonces fue porque algo no hizo bien o porque algún motivo oculto tiene el Creador para llevarlo a su regazo.

¿Pero sabes cuál es la buena noticia? Que nuestras vidas, las de todos los que estamos expectantes frente a la pandemia, no dependen de ningún juez. Solo de mantenernos en casa, lavarnos las manos y, ciertamente, algo de suerte.

Así que amigos creyentes, ateos, agnósticos… ¡a lavarse las manos y a esperar! No queda de otra…